lunes, 15 de diciembre de 2014

Casa

Todos tenemos
una casa debajo de la tierra
donde la muerte late y late
y tic tac

En nuestra casa subterránea tenemos

ojos de mamá que miran la calle
que miran atrás
lejos
como si miraran otras vidas

Tenemos una casa

todos
debajo
muy debajo de la tierra
donde papá le inventa a las góndolas del mundo
las cosas que le faltan
le inventa bisagras a la vida
puertitas vaivén
que abren
que cierran 
que esconden

calesitas al sol

escaleras grises

Todos tenemos una casa debajo

con una silla avión tan voladora
con un avión 
tan silla
donde nace el vértigo de una libertad
que no cabe en las manos
en las manos nuevas

Hay una habitación

en nuestra casa que late
y todos sabemos ya
que lo que suena en sus orquestas
es la canción
más triste del mundo
en su compás bailamos los viejos olores conocidos
y una abuela nos lleva de la mano
a una tarde con sol
donde descansar

Todos tenemos una casa debajo

una casita cucú
que nos hace cosquillas en la planta de los pies

un lugar que conoce el destino final

de nuestro viaje a Roma
que siempre es un regreso

Y no queremos verla

a nuestra casa de adentro
que nos mira y nos espera y nos llama
y nos mece

y queremos dejar de pensar que afuera

hace
tanto frío

que afuera es

tan ajeno
tan de nadie
tan solo.



miércoles, 11 de junio de 2014

media verdad al revés

"Yo sólo te conté
media verdad al revés
que no es igual que media mentira" J.S.


Piensa en blanco y dice negro. Y dice negro y dice negro. Irene tiene un desorden de verdades colgando en el cuarto escalón y dice negro mientras piensa en blanco. Entonces sabe que todo está en mitades: media mesa, medio cielorraso, media sonrisa, media canción. Y ne. Cuando el medio teléfono suena, Irene (que esta vez es Ire) ensaya medio paso y dice "ho" antes del medio colgar. Ho, bla (ne), para que el octabulario, completo -como siempre-, saque de su galera plateada la perorata del tiempo y blablablá. Uno, dos, tres cansancios le acercan consonantes dibujadas cuidadosamente con azules marinos en papeles de carta viejos como sombras. Ella casi medio sonríe pensando en medios antiguos sábados que apenas se dejan ver entre el medio pelo del medio decir de un medio algo que parecía entero. Media gente (medio triste) con medias de colores que se arrepiente de la mitad de sí misma a mitad de esas canciones que nadie quiere en mitades. Después, cuando es medio tarde -claro-, se sienta media Irene a escribir media palabra que nadie entiende, mientras la mitad restante, sin cuerpo ni disantros en los medios hombros, levanta su medio vuelo buscando una estación impar que medio le gusta.

lunes, 24 de marzo de 2014

no a lugar

Tiene la espalda más triste
de todas las espaldas

en sus relojitos de colores
el tiempo se apura
se apura espantado

como si le hubieran abierto
ya
la puerta
a los miedos que acomoda por talle
en todos los rincones

a veces
sólo de vez en cuando
se mira las manos
se mira las letras

se sabe

pero en sus relojitos de colores
el día se apura
se apura espantado

como si le hubieran abierto
ya
la puerta

a la vida que estaba en otro lado