miércoles, 28 de diciembre de 2011

Llamada

Irene está cansada. Por vigésima vez en el día presiona la tecla "comienzo" y se aleja corriendo, llevándose tres metros más allá su terror a que el microondas le fulmine las pocas ideas que le quedan. Le cuesta correr con los patirotos colgando de su espalda pero no puede evitarlo, el miedo siempre pudo más. "Estás desbordada, Irene" le repiten los disantros que se asoman a su comedor lleno de jugáminos y omblígodos entre los que ya resulta irrespirable transitar. A ella no le importa, ya no los envuelve ni los reconoce. "Vamos, Irene" -se escucha entre las olas- mientras abre el grifo y se zambulle en el lavamanos hasta desaparecer.

7 comentarios:

  1. ¿Quién no ha sido devorado por sus propias cosas, cuando adquieren otros nombres y nos miran a los ojos, de soslayo, a los ojos?

    Me encanta este texto, te felicito. Un fuerte abrazo desde Argentina.

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  2. Gracias Juan! Y gracias por estar ahí..

    Besos (desde Argentina también!) ;)

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  3. Tienes razón, como en casa.

    Te sigo...

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  4. Dios, esta "LLAMADA" era para mi?????????????

    Me pasa eso, todo igualito que a Irene, incluso cuelgan de mi espalda los patirotos y los disantros me gritan y hasta tengo la casa llena de jugáminos y omblígodos, pobre Irene, cuánto la entiendo!!!!!!!!

    (texto genial, mas que genial diría!!)

    -yo también aquí me quedo-

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  5. Genial..yo creo que Irene va a sentirse más acompañada ahora!! ;)

    Gracias

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  6. A mí no me pasa, porque no tengo microondas...

    ;)

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  7. Me parece muy bien...no son objetos de confiar ;)

    Besos

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