miércoles, 26 de enero de 2011

conejo del azar

No lo creyó, ni lo contó siquiera, es probable que no lo sepa tampoco (o lo sospeche), pero en la luna hay un conejo en puntas de pie sobre su siglo arrojando monedas desde alguna orilla. Claro. En la luna hay una fuente azul con agua de mar y caracoles y piedritas blancas y corales, donde las horas tienen formas como nubes o son nubes las horas (quién sabe, quién osara decir, quién se atreviera). Quizás lo sepa el conejo -o lo sospeche-, será por eso que cambia monedas por cartas sin póker en su fuentecita azul de cosas raras. Desde el otro lado le gritan otros de otros remolinos sin sal de arenas movedizas ni dialectos. Le gritan otros de otros artefactos unos abecedarios de jungla con letras hectáreas solas de desierto. El conejo, mientras, sonríe y arroja monedas a sus espejismos cantando lo que suena del tango con coros de astronautas y niños con vals y banderines. El conejo canta bajito en sus orillas raras de horas nubes y sus musas de algodón y su tristeza.
En la luna hay una fuente azul con agua de mar y caracoles y piedritas blancas y corales.

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