sábado, 6 de marzo de 2010

a tu ruedo

Y entonces corrí al lápiz y a tu ruedo (que rueda en mis días como un planeta insomne), me descolgué de todos mis fragmentos y dormí enredada en tu abrazo que es mi máscara y mi verdad y mi ropa. Volví a mirarte corriendo y volando por esos caminos. Corrí volando para volver, también, de tu memoria. Y seguís ahí. Seguís ahí con tus mil dedos en seis cuerdas no tan flojas de una guitarra que me alcanza la faz desorientada de la noche. Seguís en bandadas poniéndome nombres que se desarman enteros de la risa. Seguís ahí, cantando bajito, inventándome una historia de conejos en la luna. Seguís ahí…hold for the last time then slip away quietly, sin cuatro de copas, sin soles de mayo, sin buenas ideas, sin botas de lluvia. Seguís ahí, donde Elisa sabe que él no espera más -aunque todo sea mentira y largo desespero. Seguís ahí donde los cuerpos pueden festejarse y bienquererse en sus dobleces y en sus desamparos. Sigue ahí la paz de todos tus augurios, con tus brazos que abrazan, con tus cuentos al sol, con tus rosas al mar, con tu esperanto que me abriga cuando el mundo se empeña en descargar sus toneladas de frío polar, de soledad que envuelve desenvuelta en pieles que congelan y entristecen.

1 comentario:

  1. La ternura perdidad de alguna manera, se recupera. Creo que esta es un instancia.-
    Hache.

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