domingo, 21 de marzo de 2010

él


Perdió algunos escalones bajo el agua
La noche lo navega amenazante
Es profundo
Es incierto
Está dormido
Y sin embargo
Esconde un jardín

martes, 9 de marzo de 2010

Tratamiento del error (y más plagio)

Para darle al error un adecuado tratamiento es indispensable el acopio de unas sesenta o setenta toneladas de coraje (recolección que deberá realizarse durante los meses previos a la tarea). Como todo el mundo sabe, ante el error resultan absolutamente ineficaces los intentos de fuga o de aniquilamiento, así como también resulta inútil pretender indiferencia mirando el techo o el vecino que riega el césped bajo la lluvia. El error tampoco puede ser envuelto y enviado por encomienda a algún rincón absurdo de la tierra ya que su pesadez y sus desproporcionadas dimensiones le impiden la entrada en cajas de zapatos o de lavarropas. De esta manera, no quedará otro camino que el enfrentamiento cara a cara, verso a verso y mano a mano con él. La tarea deberá ser abordada del siguiente modo: en primer lugar deberemos colocarnos frente al error, utilizando para ello la mitad de la dosis de coraje previamente recolectado, es decir, alrededor de unas treinta o treinta y cinco toneladas. Una vez acomodado el cuerpo frente a él, deberá utilizarse la dosis restante para mirarlo fijamente a los ojos como si nada en él nos condujera al arrepentimiento o al fracaso. Podremos observar que, durante este proceso, el error oscilará entre la desconfianza y el desconcierto aunque en su corazón podrá deleitarse unos minutos con nuestro reflejo inseguro y espantado. Luego de mirarlo a los ojos por unos instantes, habrá que mirarse en él como en un espejo -teniendo en cuenta que es nuestra íntima pertenencia y que, como tal, es tan en nosotros como nosotros en él. Habrá que reconocerse en sus obesidades, habrá que adecuar la vista hasta verse a uno mismo en sus ropajes violetas, rugosos y estampados. Habrá que mirarse en el error sin avergonzarse o habrá que avergonzarse hasta que la vergüenza termine dándose por vencida ante el hastío de nuestra mirada. A continuación podrá notarse que, paulatinamente, los músculos tensos y acobardados de nuestro cuerpo comenzarán a sentir un relajamiento insospechado, aunque aún tenue. Deberemos luego concentrar toda la atención posible en realizar un recorrido minucioso por sus torpes dimensiones en busca de imperfecciones tales como grietas, ojeras de mal dormir, hilachas, acné juvenil, desafinaciones, frizz, uñas partidas y fallas en general (todo error las contiene y, por lo tanto, podemos asegurar que el error nunca es completamente desacertado y absurdo). Una vez resaltadas sus imperfecciones nos encontraremos en condiciones de burlar sus burlas a modo de revancha, acción que nos conducirá a un relajamiento casi completo. A continuación será necesaria una altísima cuota de destreza, ya que deberá ser nuestro cuerpo introducido en el error como en un traje, acto que nos llevará a una insospechada revelación: el error es mucho más pequeño que lo que creíamos y, por lo tanto, no cabremos en él salvo a fuerza de extrema habilidad, paciencia y adelgazamiento. Luego de introducidos en él, nos conduciremos hacia el espejo más cercano y nos observaremos a nosotros mismos a fin de notarnos estilizados, erróneos y -fundamentalmente- simpáticos, graciosos y entrañables cual payasos de circo (ejercicio que nos llevará, finalmente, a un estado de completa relajación). Para dar por finalizada la tarea, el error deberá ser portado por un período de entre cuatro y cinco días, lapso durante el cual comenzaremos a sentirnos casi a gusto junto a él o, por lo menos, no tan incómodos como antes. Una vez finalizada la epopeya, reuniremos los restos del error y los enterraremos en el jardín más cercano, de ser posible entre un rosal de rosas blancas y un sauce llorón, con la finalidad de hacer de él una ruina fructífera. Pasados unos meses o quizás unos cuantos años estaremos en condiciones de disfrutar de una cosecha tan entrañable como nostálgica y multicolor, que nos adornará el tercer estante de la biblioteca o el marco de un portarretrato azul.

domingo, 7 de marzo de 2010

enroscado

Tengo un error enroscado en la última pestaña de mi ojo izquierdo. Es un poco insulso y perdió los colores con la tarde, pero tiene una energía que asombra y desespera. Para ser error está bien acertado y de a ratos se amotina entre los libros como si buscara sus definiciones en enciclopedias o en memorias. Tengo un error insistente de un amarillo patito muy gracioso, tan gracioso como yo y las dos teorías de la angustia que no me alcanzan ni para empezar. Tengo también a Freud y sus cabales acodados a la mesa, disfrutando de mis platos del día -como de costumbre. Se ríen a carcajadas, se entretienen con mis dedos y aplauden mi fin de semana que desafina la fineza de esa poca cordura que quedaba. Tengo un error muy freudiano que me baila valses en los ojos mientras sufro unos ataques de risa muy inoportunos, muy colorados, muy arrepentidos. Tengo un error desvalido y acertado en la última pestaña de mi ojo izquierdo. Tal vez espere su siesta o su desmayo para redactarle un tratamiento que lo libere de mis certidumbres y mis desvaríos. Tal vez lo cuelgue al sol para secarlo o lo entierre en el jardín a la espera de algún fruto.

sábado, 6 de marzo de 2010

a tu ruedo

Y entonces corrí al lápiz y a tu ruedo (que rueda en mis días como un planeta insomne), me descolgué de todos mis fragmentos y dormí enredada en tu abrazo que es mi máscara y mi verdad y mi ropa. Volví a mirarte corriendo y volando por esos caminos. Corrí volando para volver, también, de tu memoria. Y seguís ahí. Seguís ahí con tus mil dedos en seis cuerdas no tan flojas de una guitarra que me alcanza la faz desorientada de la noche. Seguís en bandadas poniéndome nombres que se desarman enteros de la risa. Seguís ahí, cantando bajito, inventándome una historia de conejos en la luna. Seguís ahí…hold for the last time then slip away quietly, sin cuatro de copas, sin soles de mayo, sin buenas ideas, sin botas de lluvia. Seguís ahí, donde Elisa sabe que él no espera más -aunque todo sea mentira y largo desespero. Seguís ahí donde los cuerpos pueden festejarse y bienquererse en sus dobleces y en sus desamparos. Sigue ahí la paz de todos tus augurios, con tus brazos que abrazan, con tus cuentos al sol, con tus rosas al mar, con tu esperanto que me abriga cuando el mundo se empeña en descargar sus toneladas de frío polar, de soledad que envuelve desenvuelta en pieles que congelan y entristecen.

jueves, 4 de marzo de 2010

des velo

En mi próxima vida

voy a dedicar

el desparpajo de las horas

a delinearte los sueños

con un lápiz azul

que te despierte

Voy a quedarme sin mundo

y con tus brazos

voy a regresar del miedo

hasta tus ojos

voy a desarmar la tierra

hasta encontrarte

voy a acompañarte el cuerpo

y la memoria

En mi próxima vida

voy a regalarte mis insomnios

envueltos

brillantes

torpes

desvariados

para que te rías de la risa

y de la historia

para que te ampares

y te duermas

sin acertijos

sin oscuridades

sin desvelos

En mi próxima vida

voy a acomodarme

sin prisa

en las costumbres oblicuas

de tu espalda

cuando quieras


En mi próxima vida


En esta

sólo voy a perderte.