lunes, 18 de enero de 2010

Correvolando

No tenía mucho que decirte… y sin embargo es domingo (pero no, porque ya es lunes) y creo haberme dormido ahí sentada…es probable que haya salido correvolando por la veintinueve y es probable que ande todavía tanteando puentes en un altamar de setenta y cuatro orillas…debo haber cruzado las perdices que cruzan la ruta rusa de la ruleta mientras el buen hombre sabe-todo-piensa-pasa-miente y correvuela (y correvuela pero muy mal, tan mal que no tropieza). Debo haberme prendido a tus ideas, esas que escribías en cafés no concerts ataditas a las servilletas, debo haber encontrado la clave que abría tu ataque de nervios, ese ataque sin artillería que venía en azules desprolijos con olor a pucho y a cerveza…ese ataque siempre tan bienqueriéndome poco o demasiado. Debo haber pasado también la curva esa en la que siempre dudo ¿una curva era? ¿o era una rotonda? Y debo haber decidido algo importante, quién sabe…de todos modos seguro tomé la ruta de la izquierda (que es la que mejor se lleva con mis arte-factos), entonces habré cruzado también los pasos y habré caído, y entonces-sólo-entonces quizá y sólo-entonces-tal vez haya llegado a tu azotea (que no existe) y esté bailando ahora pegada a tu ventana con los conejos cuatro que me inventaste, esos que juegan póker en la luna.

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