martes, 19 de enero de 2010

Que vengas

Qué bueno que vengas porque te esperaba y mientras te esperaba daba tantas vueltas que ya iba perdiendo el horizonte las manos la alegría el tiempo. Te esperaba y con tanto desespero te esperaba que caminaba finito entre baldosas huecas, te esperaba a lagrimones y a esperanzas de amor y a caminitos de lluvia y a torrentes, te traía en sueños y en cornisas, te traía a cántaros y a despedidas, te traía a tientas en puntas de pie de mañana de tarde de otoño de verano. Te esperaba. Te esperaba a carcajadas y a peldaños, te esperaba en la puerta de la calle, te esperaba con poco con mucho con demasiado con nada. Te esperaba marea que va y viene y va y quién sabe. Y que vengas. Que vengas y sacudas un poco estas cortinas, estas tempestades quietas, estas voces siempre mudas a deshora, estos ceniceros de días, estas humedades. Que vengas. Qué me importa tu contradicción tu miedo tu miseria. Qué me importa el que viene el que se va el que tiembla. Qué me importa eso si venís y qué me importa el mundo, si venís ya no mendigo ni cuento desojales ni cuelgo retratos, si venís…venís y entonces ya no importa.

lunes, 18 de enero de 2010

Brisa Araña

Brisa araña teje telares telepáticos trémulos tronantes mientras el invierno deshuesado trepa a los tejados de una calle transitoria. Brisa se pregunta y se responde el acertijo pero como nunca acierta se escabulle en los jardines enredada toda en su millón de filamentos. Brisa piensa pero piensa entredormida, piensa sin apuro y sin remedio, piensa del derecho del revés y de rodillas, piensa y de pensar le brotan luces de colores, destellitos de noviembre y crisantemos. Brisa tiene unas ideas y tiene también unas ganas, tiene techos y entretechos donde trinan trucotecas traslucidas y tristonas. Brisa viene con brebajes abreviados brazos brujos, cultiva amores perdidos que riega y riega, que acaricia y besa. A veces, de vez en cuando, de los besos nacen esperantos y de los versos que versa Brisa obtiene lluvias empapadas de mar y rosas blancas que no envejecen porque se beben la sal, salteando sabias sumergidas el sabor del tiempo del señor aguja también sabio sin consuelo. Brisa araña teje piensa tiene y viene obtiene calla besa salteando calles transitorias y esperantos que regresan. Brisa espera esperanzada desesperada y paciente, Brisa acomoda telares en los altillos del tiempo mientras se queda dormida en los subsuelos jardines donde nacen destellitos colores y crisantemos.

Preferencias

Ni velocidad de marzo, ni lluvia negra, ni jardín rejado. Nada de eso. Imagino mejor que venís de la tierra que alimenta, que traes milagros de tarde rojiza y arroyuelo. Mejor te guardo en mi cajita con calles polvorientas y tías gordas, mejor te sé con soles a brazadas entre los jardines. En mi baúl de no-destierros te guardo un haber de infancias sin apuro, te guardo la ventana por la que se sale, se entra y se sueña; te guardo selva y bosque y rizos al viento y danzas de verano. No me digas que el asfalto, que la pantallita absurda ni que el vecino del nueve. Nada de eso. A tus manos las prefiero pueblo y guitarra y verde. Imagino que en tu noche larga soñas aves y extrañas a cantaros la lluvia, esa lluvia que lava y fertiliza y colorea. Esa lluvia que no duele, que no malinterpreta, que no mata. Y a tu soledad…bueno, a tu soledad la prefiero solitaria, la prefiero caminante y mochila al hombro y mundo de par en par y hallazgo.

Mil nombres

Un amor o miles que vienen a tus balcones todas esas horas mientras estudio la forma, hago y deshago idiomas imposibles para alcanzar tu nombre. Aunque sospecho también que son miles tus nombres, tu nombre no es uno, no es medio, no es mi ni he ni bienquerido ni malerrado ni sumo libro desatino litera trópico vaticinio nocturno trompo... Un amor o miles para tus mil nombres en cascada, a traerte vengo artillería oscura disimulada en la calle entre los árboles llorones que no son sauces, entre los transeúntes que transeúntan dioses delirantes, esos dioses sin religión ni presagios que viajan en carcajadas sin botas de lluvia y sin agosto ¿cuál es tu nombre? ¿serás tu nombre? ¿serás balcón y lluvia y dios a cuestas? Algo serás mientras deshago idiomas imposibles para alcanzar tu baile de salón y tu tristeza. Algo serás mientras maldigo y callo. Algo serás translúcido pálido dormido hermoso en tu rincón pueblo, inmenso en tu sencillez.

A gritos

Llorando a tormentosas carreras
La escalera te guarde para más tarde
Porque ahora vienen los enanos
A traerme fiascos televisivos
Y ojala vinieras a lloverte sobre este silencio
Vos que venís con ojos a no-verme
A no verme a mí
Que estoy desnuda
Bailando brujerías electrónicas y tango
Ojalá llorando pero sin espasmos
Ojalá rompiendo a patadas tus milamores
Yo te nombro y te maldigo
Y te malquiero
Y te sacudo
Me subo al mundo de rodillas y te arranco
A vos
Que venís con ojos a no-verme
A vos
…Que a ella
A mí
Caricaturas vanas silenciosas
Que esconden furia y cienamor
Y desolvidos
Ojala atraparas en el aire
Estos jardines voladores que te traigo
A vos que venís con manos
A presupuestar olvidos
A vos
Que me das carreras
A correrle al viento

Jardín con lluvia

Tengo un jardín con misterio y agujereado, de día de a ratos de a suspiros se oyen ejércitos murmullos, pero no hay que mirar que si miras se apagan o se nieblan, se surcan y se oxidan. El jardín está en medio del mundo, en el medio cardinal medida mitad misántropa sin mediatintas, si algún día llegas a pasar y escuchas gritos no te extrañes que eso es lo de siempre, eso soy yo debajo de la tierra. Dicen que por las noches se atreve ososo un relámpago de grillos a construir ciudades subterráneas, el problema es que estoy del otro lado con los mil-sapientes que lo ignoran, entonces sólo me entero por las bocanadas de humo en los cristales, por los papelitos en la puerta o por la lluvia. Eso sí…si llueve hay que amarrarse a donde sea, porque los aludes luciernagos de letras que te llaman se enloquecen con el agua y se ponen a rezarte cataclismos…si me vieras rincón arrinconada ribera ribiocha chicha sin limón ni limonada saldrías corriendo o me amarías a raudales, vendrías perdonándome el silencio y el camino…pero como estas del otro lado con los sin-sapientes -que son sabios- seguís desodiándome de a poco mientras salen las tres de tus guitarras y yo enciendo la luz de mis aletas.

Vaciar el día

Vaciar el día hasta quedarme sola con tus ideas clave y tu millón de ojos. Vaciar el día hasta encontrarte hermoso o harapiento, feliz o claudicado, rojo, azul, violeta o amarillo. Vaciar el día como un tacho, volcarlo y sacudirlo hasta caer vos y tus ocasos. Vaciar el día hasta hallar tu sin-sabelotodo y tu canción de cuna. Vaciar el día hasta dejarte mudo y sin trota-librito gris. Vaciar el mundo hasta caer en vos como un milagro, hasta caerte en mí como un hallazgo. Vaciar el día hasta encontrar el caminito de nos, que nos, como nosotros, como un nosotros con rima de buenos versos pero a gritos. Un nos cayendo pero agarrándose al piso. Un nos celebrando el destiempo y la escalera sin caracol ni arena ni balanza.

Correvolando

No tenía mucho que decirte… y sin embargo es domingo (pero no, porque ya es lunes) y creo haberme dormido ahí sentada…es probable que haya salido correvolando por la veintinueve y es probable que ande todavía tanteando puentes en un altamar de setenta y cuatro orillas…debo haber cruzado las perdices que cruzan la ruta rusa de la ruleta mientras el buen hombre sabe-todo-piensa-pasa-miente y correvuela (y correvuela pero muy mal, tan mal que no tropieza). Debo haberme prendido a tus ideas, esas que escribías en cafés no concerts ataditas a las servilletas, debo haber encontrado la clave que abría tu ataque de nervios, ese ataque sin artillería que venía en azules desprolijos con olor a pucho y a cerveza…ese ataque siempre tan bienqueriéndome poco o demasiado. Debo haber pasado también la curva esa en la que siempre dudo ¿una curva era? ¿o era una rotonda? Y debo haber decidido algo importante, quién sabe…de todos modos seguro tomé la ruta de la izquierda (que es la que mejor se lleva con mis arte-factos), entonces habré cruzado también los pasos y habré caído, y entonces-sólo-entonces quizá y sólo-entonces-tal vez haya llegado a tu azotea (que no existe) y esté bailando ahora pegada a tu ventana con los conejos cuatro que me inventaste, esos que juegan póker en la luna.

Cuatro conejos en la luna


Los conejos son cuatro blanquísimos ocupantes de la luna luciérnaga chispeante. Es posible verlos a buen ojo y en noches de astros circulares acodados a su mesa, prestos a célebres partidas graves de póker lunático y campeonatos de humo. Los conejos conejean y cantan afinadas corduras de verano en el balcón, aunque pueden pasar estacionales jornadas de anárquicos coreos siendo capaces entonces de deslizar en la oscuridad (entre gatos de metal y Frank Sinatras) para susurrarle a Elisa en el oído que ya no importa lo que pueda decir. Los conejos tienen su décimo tercer algo -que no se sabe bien qué es- y tienen también una guitarra filántropa y desnuda que miente verdades a los quince vientos. Hay -por supuesto, no pueden faltar- días oscuros de tonelescos crucifijos, pozos de ceguera y agonía al sol, pero de eso no se habla, mejor será la noche de la sierra y la ronda astral que no disturbia o que disturbia sí, aunque sin reverenciar la muerte. Las noches de conejos en la luna vienen con escaleras sin escala hasta el más acá de la tristeza, se puede subir de pie o de rodillas pero se baja rodando a estrepitosas carreras contra la pared. No está mal, no es necesario acallar ningún demonio porque ellos son del mismo equipo extravagante, pertenecen todos al mismo delirium tremens del viaje en el último vagón. No está mal. Los cuatro giran en rondas rumiantes ruinosas arruinadas ruidosas sin rubor ni ruta, sin olvido y sin culpa. Los conejos giran y se llevan tomados del pelo a los vecinos de aquel barrio en llamas, giran de tanto póker, de tanto cantar vudúes y bronca, giran y subidos dos estamos a esa trenza de luz sin rumbo fijo.