viernes, 24 de diciembre de 2010

regalo

No les creo
(nunca les creí)
esas miradas de oficina
esas ojeras,
toda una enorme encrucijada de reojos
y de repente nada
ya no eras
bah
mentiras!
ahora lo sé
Papá Noel sos vos
me lo vas a negar, claro
pero yo ví
ese día pude ver el traje colorado
asomándose de tu ropero..
después
pensando un poco en todo lo demás
no me quedaron dudas

y desde ese día
entiendo
que hayas desaparecido
(con tu melena
y con tu barba
a repartir juguetes por el mundo)

jueves, 23 de diciembre de 2010

Cinco millas

Las reí juntas
juntas las usé
las uní deliberadamente
las malgasté, también
las combiné
(muy arbitrariamente)
respondiendo a la liturgia inútil
de huirme o de buscarte.
Y no te busco
sólo sé que hablaba de tus manos
tus manos en tierras desconocidas
tus manos que eran
¿Quiénes eran?
¿Existían?
Y jaja y jeje
(se escuchaba desde afuera)
sin comillas
¿cinco millas?
-Claro, entendamonos, que asusta..
-pero..
-nada
-...de nada
-buenas tardes
Así, desposeído y de pie
corrías en círculos anaranjados
mientras yo recomponía (con desesperación de mundo) los diminutivos de la historia
para que encontraran amparo
tus desquicios..
Después las reí
las usé
y las malgasté..
para decirte (por decirte algo..algo de veras, algo en definitiva) que si se trata de existirte
creo
que el universo
versa más
y es menos absurdo
si en algún rincón de sus vestigios
dormís vos.

martes, 28 de septiembre de 2010

desconsuelo

Vos sabes que hay cosas que no pueden pasar.

Y yo

que de a ratos te creía o, al menos,

te desconfiaba

hoy sólo le tengo un miedo visceral

a tu silencio

a tu misericordia

a tu regazo

a tus inexistencias

tus espasmos

a tus ausencias que son omnis

parapléjicas

desesperadas

miopes.

Hoy le tengo miedo hasta los huesos

A tu absurdo

A tu bocanada de cosmos

A tu aliento

Hay cosas que no pasan en tus sueños

Hay pecados que son tuyos

Sólo tuyos

Por tu culpa y tu infinita culpa

De desaparecer

Vos sabes que niñez

No rima con muerte

y no pueden tocarse

no se tocan

-escuchame-

no se tocan

tampoco se rozan

ni se amarran

ni se miran siquiera de reojo

ni se reconocen.

Hay cosas que no pueden pasar

Vos lo sabes

y sin embargo

tengo entre las manos el olvido

de todos tus universos

el recuerdo de lo que eras

a veces

si existías

Entonces

cuando salgas

(Si es que salís algún día

De tu episodio de nada

de tu desconsuelo

de tu ruina)

voy a estar esperando

(con mi miedo visceral y mi tristeza)

Para mirarte a los ojos

Y que me expliques por qué.

jueves, 16 de septiembre de 2010

la verdad de un loro

Tu media verdad es una ofrenda. Yo te veo entre las cosas, mientras las señoras pasan rubias y estampadas vos miras desde un balcón en una calle con nombre que a veces te olvida. No esperes que entiendan. Desatate -mejor- esa sonrisa que me puede, que mientras (entre razones bulímicas y loros enjabonados) yo le voy tejiendo al día un hueco de sol que te abrace la tristeza.

sábado, 4 de septiembre de 2010

aparente mente

Paso sin estilo entre la muchedumbre, paso de-cadente a la corrida y sigo -que me esperan, siempre esperan en casa, casa espera, quién lo duda- destejiendo los significantes de las partes del todo que no alcanza (pero casi). No tropiezo (pero casi) y las teorías van armando el mundo (esa bola gigante o diminuta, esa palabra redonda que se mueve). Paso y sigo. Tengo llaves, llavecitas, cajas de cambio, palabritas, un mechón de pelo incontrolable que apenas sacudo y tengo papeles también, tantos papeles que me explican explícita, implícita, aparente-mente. Voy por una calle numerada que atraviesa el invierno en puntas de pie, cuando es de noche. Voy por una calle ordinaria con orden y ordenanzas en una navecita que rueda como el mundo (esa bola gigante o diminuta, esa palabra). Voy. Voy rodando bola de palabras y llego a un cruce de curvas malheridas y desagües. Ahí estás vos, de prontísimo estás vos en la esquina donde explota el concepto en millones de naditas que te salpican los pies salados y escamosos. Vos me miras desde tu agujero negro con ojos que nada temen ya, ahora que la tierra se fue con su salpicadura miserable. Vos me miras esperando sin esperar, ahora que la nada extravagante no es concepto sino calle y vereda y nada que redunda (a quién puede importarle que redunde o verse o despilfarre). Vos me miras, ángel mugriento, angelito de un dios que tiró la toalla y se hundió en esos mares. Vos me miras, un segundo nomás, y yo te miro. Y malodio el mundo, esa palabra que te escupió de un cuerpo que no es carne. Vos me miras y yo respiro tu oxígeno oxidado y me pregunto y me pregunto y me pregunto en círculos, como una bola. Vos me miras y voy rodando en una gota de mundo hacia el abismo. Y esta ciudad que nunca acaba, te acaba con bronca en la vereda. Después, claro, después está la alarmita repugnante que suena y suena -y que te apures, apurate, que no llego (y nadie llega, mi amor, a ningún lado). Sigo a casa -a casa- esa palabrita que me espera, quién lo duda. Yo a casa. Y vos, frío. Y el mechón de pelo incontrolable y la calle con orden y ordenanzas. Vos frío, ángel del dios de todos los olvidos. Vos, ángel de una miga de pan que el mundo escupió con odio y desconsuelo. A vos, que podría llevarte, no te llevo a ningún lado, ahora que yo también soy un poco esa palabra vacía que no es cuerpo, ni carne, ni acertijo, ni recuerdo.

jueves, 12 de agosto de 2010

lejos

Cuado vos y you
usted
y el ejercito despabilante de tu sangre
son una misma
arremolinada marea
las cosas son
Son
Y la metonimia de la tarde
tiene unos colores raros
unos corazones pendulares
que se mecen en tu espalda
sacuden la ciudad
y te despiertan.

martes, 20 de julio de 2010

Algo de patio

Yo te creo
y creerte tiene algo
de abuela en la cocina
y de nostalgia
te creo la risa
las manos
y las sinrazones
Te creo
y creerte tiene también algo
de patio de recreo
de barrilete (cósmico)
y de lluvia.
Te creo porque creerte
siempre es una fiesta
una calle de pueblo
una consigna
Yo te creo los labios
como centinelas
te creo las dudas
la máscara
y las peripecias
Yo vengo a creerte
aunque todo y más que todo
aunque la historia
Y todos esos soles que fabrico
-no lo dudes-
vienen con tu nombre
tu credo
tu memoria.

miércoles, 14 de julio de 2010

prescindiendos

Después de las epidemias
de la escoba del buen hombre
y la templanza
de la dignidad de las señoras
y la historia
después de las leyes
y sus remisiones
del bocado de nada
y la osadía
después de las aves patrias
y la niebla
de las palabras en vela
y los escombros
después de las antesalas
del olvido
antes
antes y después de la memoria
existe un territorio
insomne
remitente
estratégicamente oblicuo
heterodoxo
inmune
espabilante
que
-entre mis ideas aceptables
y tus comisuras-
prescinde
de la buena fe y la utopía.

viernes, 2 de julio de 2010

Con fin

Abrimos el cajón

Le quitamos a la tarde sus memorias

Tan decibles

Tan atropelladas

Tan insulsas

Acariciamos las sorpresas

(que nos cuidan como milagros)

Las palmas los versos las pericias

Todo

Y sus excepciones

Volvió / Volvieron

a las rondas.

Abrimos el cajón

Nos volvimos manos

Encontramos estrellas coloradas

Encontramos estrellas

Verdes estrellas

Encontramos

(Le quitamos a la tarde sus desvelos)

Nos volvimos patio

Y

Al fin

-con fin

por fin

sin acertijos

ni cabos

ni ataduras-

olvidamos la muerte.


viernes, 25 de junio de 2010

des amparo

A veces

cuando viene el ruido
como una promesa
al mundo
le baja el volumen
(para que duermas)

martes, 22 de junio de 2010

Des siendo



(Y
en sus telares
de martes
-o noviembres desvelados,
o cosquillas-
teje pensamientos
deshojados
que te hagan reír
sin que te asustes)

viernes, 11 de junio de 2010

Instrucción fallida

Usted debe concentrarse. Busque un rincón poco transitado de la casa y acomódese a fin de que ninguna tragedia venga a desatarse mientras cierra los ojos y busca la frase perfecta entre sus ideas más enmarañadas (todos sabemos ya que cualquier caos esconde un tesoro largamente insospechado). Piense. Piense con agilidad pero sin prisa, sepa que el reloj es una propiedad tan indestructible como momentáneamente olvidable: colóquelo en la base de la torre heteróclita de palabras inconclusas, échele encima todo lo que tenga a mano y súbale el volumen a algún hit pasado de moda con el claro objetivo de ocultar su mortífera cadencia (es recomendable que, dentro del repertorio, sean incluidas bandas sonoras cuyos ruidos resulten lo más semejantes posible a un desmoronamiento nuclear de latas de tomate, para ello resultarán adecuadas bandas tales como ACDC o Motley Crue). Siga pensando. Busque, por ejemplo, entre los animales comúnmente conocidos y escoja uno. Piense en “gato”. Gato estaría bastante bien dadas sus cualidades de suavidad y delicadeza motriz, aunque pronto descubrirá que la misma perfección en el cálculo de sus movimientos se esconde detrás del plan de dominación mundial que su mirada felina y sofisticada nos hacen sospechar. Será mejor entonces dejar de lado el gato y buscar un ser más…“noble”, podría decirse. Piense, por ejemplo, en “perro” que es el mejor amigo, aunque también el más desalineado (además de ser el único ser viviente capaz de destruir un par de zapatos nuevos en cuestión de segundos). Deje el perro entonces y tome por las riendas la cuestión de una buena vez, eligiendo la mejor entre todas las opciones: piense en “caballo”. Usted dirá “caballo”; confíe, repítaselo: “yo seré capaz de decir caballo”, ya que, junto a él, se estarán transmitiendo ideas atractivas en relación con sus socialmente consensuadas cualidades de belleza. Usted dirá “caballo”, y además de eso, será capaz también de probar su razonabilidad y cordura aplicándole un adjetivo racionalmente adecuado, como podría ser “caballo negro azabache” (en contraposición a lo que podrían ser frases tales como “caballo alado púrpura” o “caballo bípedo verde”, que automáticamente darían cuenta de la existencia de un funcionamiento altamente inadecuado de su prueba de realidad). Concéntrese. Usted será capaz también de colocarle a la frase –o al sujeto de su frase- un artículo y un predicado acordes con la ocasión y, de este modo, usted habrá obtenido una frase –si bien no absolutamente perfecta- bastante cercana a la perfección. Vamos, concéntrese en sus poderes sintácticos, cierre los ojos nuevamente y piense en “un caballo negro azabache galopa por las playas desiertas”. Confíe. Piense y confíe. Ármese de coraje y salga entonces con su frase al hombro a enfrentar el mundo que lo espera desafiante y con indescifrablemente oscuras intenciones. Salga, confíe, abra la boca y péguele al día con su frase perfecta. Vocifere, module sus labios con gracia, emita la cantidad justa de sonoridad y –no sin sorpresa- usted se escuchará decir un imprescindible “patos rosas que destruyen zapatos mientras traman un plan de dominio”. Ups. Bueno, quizás era de esperarse. Acaso debimos advertirle que las frases perfectas se autodestruyen de risa en medio del recorrido. No se desespere. Abra de par en par todas las ventanas y échele a la tarde las palabras a su justa medida, sin derivaciones ni fracasos. Vamos. Abra esa sufrida bocota de María de nadie y vomítele al mundo sin rodeos su catarata cursi, su ruina furiosa, su chiste malo, su mejor verdad: la más absurda. Córralo por la escalera y grítele a fin de que se entere que usted muere sin sus labios “como una noche oscura, sin estrellas”; dígale que desde que se ha ido “el mundo es una lágrima de dulces desencantos”. Cántele al oído el bolero más empalagoso de la historia. No se desespere, siempre habrá alguien al teléfono para reírse de usted más que usted mismo.

viernes, 4 de junio de 2010

Explosión

Ella nunca supo cómo llamar la atención. Bueno, más bien podría decirse que nunca pudo encontrar una forma convencional de hacerlo. Tal es así que hoy se ha mirado al espejo con sarcasmo y ha corrido burdamente, escaleras abajo, al grito de "explosión"! Por supuesto que nadie ha movido un centímetro de rutina ante el pequeño escándalo de sus cuerdas vocales prolijamente desalineadas; sólo la han mirado salir como se mira a un gato lamerse una pezuña. La han mirado salir y se han reído, quizás, con la mezquindad de la mañana igual, del mismo día, del mes que se repite en un año cualquiera -como casi todos. Ella ha salido a la calle y ha corrido burlándose de las vecinas y se ha zambullido en la piscina desierta de una casa exasperantemente inmóvil como tantas otras. Ahí, en el agua helada de septiembre se ha lavado las costumbres y ha contado sus extremidades con suplicante calma y sutil desespero. De la cuenta han resultado dos piernas estilizadas con sus respectivos pies; dos larguísimos brazos, dos pálidos, retrospectivos brazos como certidumbres y, claro, dos manos agudas y torpes empeñadas al mundo en una caricia que guarda con solemnidad y esmero en el ropero más desordenado de la casa. Ha pasado un largo rato mirando sus manos en el agua. Se ha preguntado por la puerta cerrada, por la alquimia del verano y por el cordón de la zapatilla que tantas veces desató con elegancia o con desgano. Se ha preguntado por la espalda y el jabón y los bolsos de ida y vuelta, y hasta se ha preguntado gravemente por las frases que, casi sin notarlo, se le han ido perdiendo entre los pliegues de sus dedos con cada explosión de sus hazañas. Ha buscado las palabras oportunas -que jamás, jamás encuentra- y sólo ha dado con algunas letras: ha encontrado una "p" que no ha sabido si era de piedad o pureza o pesadilla. Ha encontrado también una "f" de furia, fineza o fanatismo, y al cabo de unas cuántas horas ha encontrado una "t" y por fin ha sabido que era de "te estás poniendo absurda y amarilla", entonces se ha dejado naufragar en su maremoto de treguas y ha terminado en la plaza mirando a los niños jugar, con la secreta esperanza de hallar entre las carcajadas un atisbo de verdad para el enredo impecable de sus voces.

jueves, 3 de junio de 2010

es

Lo mejor
Lo más imprescindible
lo más gracioso
lo más sorprendente
lo más tierno
lo más azul
es
cuando nos parecemos

martes, 25 de mayo de 2010

nada

Después

-como siempre-

vas a mirarte

en la certeza cruda del otoño

y por debajo de la cama

va a asomarse un pensamiento

colorado y enorme

como una vergüenza

(ahí, en ese umbral

lleno de nada y calor

te esperan mis manos

cuando quieras)

domingo, 23 de mayo de 2010

sin

Y al cabo del fin
cuando la noche se desinfla entera
en mis insomnios sin vos
busco papel de armar
las abollo
las arrugo
las envuelvo
y a tus musas
me las fumo
cantando bajito en el balcón

martes, 18 de mayo de 2010

grano

El último grano de paciencia
fue encontrado
resacoso y harapiento
cavando un hoyo en el desierto.

martes, 11 de mayo de 2010

callecitas

Tus aniversarios
son siempre una cornisa
como el escalón del tren
desde Bernal
al mundo
sin escalas.

Después de aquel último viaje
en que te fuiste
el esqueleto de la tierra
se perdió en su trampa
Desde que se durmió en tus ojos la alegría
las callecitas de Buenos Aires
ya no tienen ese "qué sé yo..."

lunes, 10 de mayo de 2010

hasta ser pliegue

Cuando el día se cae de inmaduro y se pisa los talones; cuando tiene hilachas grises y una cara de perro hambriento que ni siquiera asusta; cuando no te escucha aunque le grites, le ladres o le bailes rockanroles; cuando todo lo que le brilla no es oro, ni lata, ni reflejo; cuando está así de apretado, así de obtuso y así de confiscado…no quedan muchos rumbos más que la habitación del sueño. Ahí se introducirá el cuerpo muy desnudo entre el ropaje y se encogerá con paciencia hasta ser pliegue, hasta ser ácaro, hasta ser silencio. Ahí se abandonarán los dedos y las dudas hasta desaparecer.

domingo, 2 de mayo de 2010

Con voz

Ellos tienen razón

está un poco perdido el mundo

el mundo que es tan cóncavo

a veces

y a veces tan convexo

Ellos miran el mundo

en películas permeables

que se duermen

y se oxidan

como hojas

Ellos coleccionan otoños

como abecedarios

y la cuadra vacía es una oda

a los siglos de miedo que presagian

Pero estás vos

también

vos que sos un poco mi patio

y mi hueco entre los cuerdos

Vos que sos un poco Buenos Aires

cuando descubrí la lluvia

Vos que sos el norte del recuerdo

cuando perdí el amor

y la deriva

Vos que sos las playas del sur

así

tan amplias

tan azules

tan redondas.

Por suerte estás vos

que andas por ahí

desordenando el cuerpo más abrazable

de todos los cuerpos

Vos que estás en un rincón

con voz

para reconstruir el mundo

mientras duermen

martes, 27 de abril de 2010

Amor das hada

Y
sobre todo
se convierte en aire
para que respires
se convierte en sueño
para que descanses
se convierte en verso
para que sonrías

Y vienen los otros

Yo

sin embargo

creo

Creo algunas cosas cuando es tarde

Y se me acaban las costumbres

Y vienen los otros

Digo que te creo

Y no te embargo

Y algo que es mariposa

O luz

O precipicio

Se me cuelga de las ganas

Y se estira

se endereza

Se desnuda

Se entreteje

Se amotina

Se entibia

Se desamarra

Se embebe

Yo

sin embargo

Puedo reivindicarte con pinceles

blancos

negros

Y aunque vengas sin respuestas

Tengo tan poco tiempo

Que

Mejor

No te adjudico

Ni una sombra de la calle

Ni un suspiro

Ni dos versos

Creo

Sin embargo

(cuando es tarde

y cuando llueve)

que hay un color

que no entiendo

pero

siempre

es tan gracioso

que cada vez que te olvido

se me ríen

de memoria

las veredas y los puertos

lunes, 12 de abril de 2010

Sal y da


Tiene un telar de milagros
a medio tejer sobre la falda
y mientras espera
canta
"...hoy estoy aquí
rodeada de las cosas
que no vuelan..."
y mientras espera
prepara el sol
lo viste de plateado
le acomoda un moño en la cabeza
y lo convence
para que, al llegar,
te abrace.

domingo, 21 de marzo de 2010

él


Perdió algunos escalones bajo el agua
La noche lo navega amenazante
Es profundo
Es incierto
Está dormido
Y sin embargo
Esconde un jardín

martes, 9 de marzo de 2010

Tratamiento del error (y más plagio)

Para darle al error un adecuado tratamiento es indispensable el acopio de unas sesenta o setenta toneladas de coraje (recolección que deberá realizarse durante los meses previos a la tarea). Como todo el mundo sabe, ante el error resultan absolutamente ineficaces los intentos de fuga o de aniquilamiento, así como también resulta inútil pretender indiferencia mirando el techo o el vecino que riega el césped bajo la lluvia. El error tampoco puede ser envuelto y enviado por encomienda a algún rincón absurdo de la tierra ya que su pesadez y sus desproporcionadas dimensiones le impiden la entrada en cajas de zapatos o de lavarropas. De esta manera, no quedará otro camino que el enfrentamiento cara a cara, verso a verso y mano a mano con él. La tarea deberá ser abordada del siguiente modo: en primer lugar deberemos colocarnos frente al error, utilizando para ello la mitad de la dosis de coraje previamente recolectado, es decir, alrededor de unas treinta o treinta y cinco toneladas. Una vez acomodado el cuerpo frente a él, deberá utilizarse la dosis restante para mirarlo fijamente a los ojos como si nada en él nos condujera al arrepentimiento o al fracaso. Podremos observar que, durante este proceso, el error oscilará entre la desconfianza y el desconcierto aunque en su corazón podrá deleitarse unos minutos con nuestro reflejo inseguro y espantado. Luego de mirarlo a los ojos por unos instantes, habrá que mirarse en él como en un espejo -teniendo en cuenta que es nuestra íntima pertenencia y que, como tal, es tan en nosotros como nosotros en él. Habrá que reconocerse en sus obesidades, habrá que adecuar la vista hasta verse a uno mismo en sus ropajes violetas, rugosos y estampados. Habrá que mirarse en el error sin avergonzarse o habrá que avergonzarse hasta que la vergüenza termine dándose por vencida ante el hastío de nuestra mirada. A continuación podrá notarse que, paulatinamente, los músculos tensos y acobardados de nuestro cuerpo comenzarán a sentir un relajamiento insospechado, aunque aún tenue. Deberemos luego concentrar toda la atención posible en realizar un recorrido minucioso por sus torpes dimensiones en busca de imperfecciones tales como grietas, ojeras de mal dormir, hilachas, acné juvenil, desafinaciones, frizz, uñas partidas y fallas en general (todo error las contiene y, por lo tanto, podemos asegurar que el error nunca es completamente desacertado y absurdo). Una vez resaltadas sus imperfecciones nos encontraremos en condiciones de burlar sus burlas a modo de revancha, acción que nos conducirá a un relajamiento casi completo. A continuación será necesaria una altísima cuota de destreza, ya que deberá ser nuestro cuerpo introducido en el error como en un traje, acto que nos llevará a una insospechada revelación: el error es mucho más pequeño que lo que creíamos y, por lo tanto, no cabremos en él salvo a fuerza de extrema habilidad, paciencia y adelgazamiento. Luego de introducidos en él, nos conduciremos hacia el espejo más cercano y nos observaremos a nosotros mismos a fin de notarnos estilizados, erróneos y -fundamentalmente- simpáticos, graciosos y entrañables cual payasos de circo (ejercicio que nos llevará, finalmente, a un estado de completa relajación). Para dar por finalizada la tarea, el error deberá ser portado por un período de entre cuatro y cinco días, lapso durante el cual comenzaremos a sentirnos casi a gusto junto a él o, por lo menos, no tan incómodos como antes. Una vez finalizada la epopeya, reuniremos los restos del error y los enterraremos en el jardín más cercano, de ser posible entre un rosal de rosas blancas y un sauce llorón, con la finalidad de hacer de él una ruina fructífera. Pasados unos meses o quizás unos cuantos años estaremos en condiciones de disfrutar de una cosecha tan entrañable como nostálgica y multicolor, que nos adornará el tercer estante de la biblioteca o el marco de un portarretrato azul.

domingo, 7 de marzo de 2010

enroscado

Tengo un error enroscado en la última pestaña de mi ojo izquierdo. Es un poco insulso y perdió los colores con la tarde, pero tiene una energía que asombra y desespera. Para ser error está bien acertado y de a ratos se amotina entre los libros como si buscara sus definiciones en enciclopedias o en memorias. Tengo un error insistente de un amarillo patito muy gracioso, tan gracioso como yo y las dos teorías de la angustia que no me alcanzan ni para empezar. Tengo también a Freud y sus cabales acodados a la mesa, disfrutando de mis platos del día -como de costumbre. Se ríen a carcajadas, se entretienen con mis dedos y aplauden mi fin de semana que desafina la fineza de esa poca cordura que quedaba. Tengo un error muy freudiano que me baila valses en los ojos mientras sufro unos ataques de risa muy inoportunos, muy colorados, muy arrepentidos. Tengo un error desvalido y acertado en la última pestaña de mi ojo izquierdo. Tal vez espere su siesta o su desmayo para redactarle un tratamiento que lo libere de mis certidumbres y mis desvaríos. Tal vez lo cuelgue al sol para secarlo o lo entierre en el jardín a la espera de algún fruto.

sábado, 6 de marzo de 2010

a tu ruedo

Y entonces corrí al lápiz y a tu ruedo (que rueda en mis días como un planeta insomne), me descolgué de todos mis fragmentos y dormí enredada en tu abrazo que es mi máscara y mi verdad y mi ropa. Volví a mirarte corriendo y volando por esos caminos. Corrí volando para volver, también, de tu memoria. Y seguís ahí. Seguís ahí con tus mil dedos en seis cuerdas no tan flojas de una guitarra que me alcanza la faz desorientada de la noche. Seguís en bandadas poniéndome nombres que se desarman enteros de la risa. Seguís ahí, cantando bajito, inventándome una historia de conejos en la luna. Seguís ahí…hold for the last time then slip away quietly, sin cuatro de copas, sin soles de mayo, sin buenas ideas, sin botas de lluvia. Seguís ahí, donde Elisa sabe que él no espera más -aunque todo sea mentira y largo desespero. Seguís ahí donde los cuerpos pueden festejarse y bienquererse en sus dobleces y en sus desamparos. Sigue ahí la paz de todos tus augurios, con tus brazos que abrazan, con tus cuentos al sol, con tus rosas al mar, con tu esperanto que me abriga cuando el mundo se empeña en descargar sus toneladas de frío polar, de soledad que envuelve desenvuelta en pieles que congelan y entristecen.

jueves, 4 de marzo de 2010

des velo

En mi próxima vida

voy a dedicar

el desparpajo de las horas

a delinearte los sueños

con un lápiz azul

que te despierte

Voy a quedarme sin mundo

y con tus brazos

voy a regresar del miedo

hasta tus ojos

voy a desarmar la tierra

hasta encontrarte

voy a acompañarte el cuerpo

y la memoria

En mi próxima vida

voy a regalarte mis insomnios

envueltos

brillantes

torpes

desvariados

para que te rías de la risa

y de la historia

para que te ampares

y te duermas

sin acertijos

sin oscuridades

sin desvelos

En mi próxima vida

voy a acomodarme

sin prisa

en las costumbres oblicuas

de tu espalda

cuando quieras


En mi próxima vida


En esta

sólo voy a perderte.


domingo, 28 de febrero de 2010

Desembarco

En el principio fueron sólo rumores, murmullos de boca en boca a los que pocos prestaron atención, cuentos entre vecinas con pañuelos que viajaban de la vereda a la calle, de la panadería al kiosco y de la escoba al balde. Cuentos, susurros huecos, tonteras de gente con tiempo en el bolsillo. El asunto es que una tarde cualquiera de un verano enrarecido desembarcó finalmente en el barrio “Los espejos” el crucero amarillo de la duda, y por fin el cuento devino certeza ante la azorada vista de los transeúntes de la costa. Lo trágico, lo tremendo fue que no se trataba de una duda pequeña, una de esas que titubean entre el chicle de menta o de frutilla, entre el helado de chocolate o de crema del cielo, entre el queso gruyere o el roquefort. No. La que arribaba a las calles era una duda inmensa y con mayúsculas, una duda a la que los filósofos del barrio no dudaron -o tal vez sí- en tildar de “existencial”, una duda cuya sombra no tardó en inundar absolutamente todos los intersticios de aquella comunidad. Así fue que aquel caluroso día de febrero la vida de los espejinos se convirtió en un completo caos. Una ola desinformativa los hundió en las más enceguecedora oscuridad: los diarios no llegaban a los domicilios ya que los repartidores no lograban decidir qué calles recorrer ni en qué orden. Los vecinos abandonaron el ritual del desayuno ante la repentina e inusual ausencia del pan de cada día (los panaderos pasaban larguísimas jornadas dudando entre los beneficios o los perjuicios de comenzar con la harina, con la sal o con la levadura). Los ladrones detuvieron sus actividades cotidianas en medio de las veredas ya que, enmudecidos y torpes, dudaban entre la casa de electrodomésticos y la joyería (escena ante la cual los agentes de turno no hacían más que formularse extrañas, dubitativas y absurdas preguntas). Los juzgados dejaron de publicar sus dictámenes: los jueces no lograban decidirse entre la inocencia y la culpabilidad de los reos –o la de ellos mismos- mientras los abogados dudaban entre la defensa y la acusación de sus propios clientes. También los juegos y los deportes resultaron conmovidos: los niños hacían interminables colas ante toboganes y trampolines desde los que nadie se atrevía a lanzarse; el fútbol –ese productor irreemplazable de pasiones y otras yerbas sociales- devino un desconcertante motivo de aburrimiento ya que los delanteros dudaban entre el ángulo izquierdo y el derecho o entre el pase largo y el corto (mientras el arquero –paralizado- temblaba ante la duda de arrojarse a un lado o al otro y el referí dudaba entre la tarjeta amarilla o la roja).

De esta manera todo el lugar fue, poco a poco, sumiéndose en la parálisis más embravecida, en el silencio más extravagante, en la nostalgia más acongojada. El tránsito devino un embotellamiento sin retorno; los caminantes se detuvieron en todas las esquinas; los discursos políticos se quedaron sin fundamentos; las pelotas de colores se detuvieron en el aire; las cabelleras y las barbas crecieron salvajemente; las flores cayeron a mitad del recorrido; los parientes y amigos dejaron de reconocerse. Todo, todo se detuvo irremediablemente.

Hay quienes aseguran que el barrio desapareció sin dejar rastros. Hay quienes aún lo buscan siguiendo borroneadas y dudosas rutas en mapas indescifrables. Hay quienes no conocen la trágica historia de “Los espejos”. Y hay quienes callan, miran alrededor y dudan, siguen dudando de los rumores, de los murmullos de boca en boca, de los cuentos incontables, de los rostros conocidos e inclusive…de esta historia.

domingo, 21 de febrero de 2010

Domingo

Dejar ir

Acompañarse en la tristeza

Abotonarse la camisa sin espanto

Abrir el diario y fugarse en cualquier nombre

Dejar ir sin dilaciones ni puntos de vista

Convencer a los labios y a los arte-factos

Darle de baja al servicio escandaloso

de las ganas

de los nombres propios

de los intersticios

Dejar ir

Que el mundo puede ser el rincón más absurdo de la tierra

Que la lluvia también limpia los espejos

Que nada sobrevive

Que quizás poco importe

Que es mejor dormirse sin plegarias

Dejar ir

Tragar el nudo que anuda la suerte

Deambular el vacío hasta encontrar un verso

Borrar con el codo cualquier laberinto

Amputarle al día las complicaciones

Dejar ir

Salirse de la ruta y buscar girasoles

Cambiarse los hábitos y los suplicios

Despertarse luego de una noche oscura

Y echar en el agua todo el desespero

Dejar ir…

Darle libertad a toda la "decencia"

Que aún es temprano

que también ya es tarde

Que sigo temblando

Pero sin urgencias

que el mundo está solo

solo

y de rodillas

Dejar ir

Abrir las ventanas como si lloviera

Respetar los duelos de la madrugada

depurar la memoria de los trabalenguas

reiniciar el juego y cargar la partida

que la tierra es amplia

y que quizá sea hora

vaya siendo hora

ya

de dejar ir.